AstronDivinorum

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Archive for the ‘Alucinogenos’ Category

Plantas y hombres, una historia de los medicamentos: El trigo cornudo (cornezuelo)

Posted by astrondivinorum en 20 julio 2011

Plantas y hombres, una historia de los medicamentos: El trigo cornudo (cornezuelo)

Plantas y hombres, una historia de los medicamentos, una Interesante serie documental en la que se narra la relacion entre algunas de las plantas más utilizadas en la medicina y el hombre. Se analiza la historia, el uso y los intereses farmacéuticos de cada una de ellas en los ocho capitulos que forman la serie.


http://www.megavideo.com/v/OW8CAB0F22f808a7614ca5c1c37e013bde1d7ffd

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Enteogenos: el despertar a la divinidad interior

Posted by astrondivinorum en 15 agosto 2010

“Entheogen: Awakening the Divine Within”

Enteogenos: el despertar a la divinidad interior, es un largometraje documental que invita al espectador a descubrir un universo encantado en el mundo moderno, despertando a la voluntad divina en su interior. La película examina el resurgimiento de las técnicas arcaicas del éxtasis en el mundo moderno tejiendo una síntesis de la conciencia ecológica y evolutiva, la cultura electrónica de baile, y la actual re-evaluación farmacológica de compuestos enteogénicos. Dentro de un marco narrativo que se parece a la propia conciencia de ser en evolución, enteógeno documentos de la aparición de la tecno-chamanismo en el mundo post-moderno que enmarca las siguientes preguntas: ¿Cómo puede una renovación de los antiguos ritos iniciáticos de paso aliviar nuestra crisis ecológica? ¿Qué danza trance y festivales de la expresión artística desenfrenada hablar en nuestra psique colectiva? ¿Cómo podemos re-inventar nosotros mismos en un mundo desencantado de la que Dios ha retirado hace mucho tiempo? Enteógeno invita al espectador a considerar que las respuestas a estas preguntas se encuentran dentro de la conciencia de todos y cada ser humano, y son accesibles si sólo nos dan permiso para despertar a lo divino en su interior.

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Psiquedelia – Centenario Albert Hofmann

Posted by astrondivinorum en 7 marzo 2010

Psiquedelia El programa homenajea a Albert Hofmann, descubridor del LSD, que este año cumple su primer centenario. Invitados Alejo Alberdi, Eduardo Hidalgo, Gonzalo Torrente, Juan Ruiz Franco, Javier Esteban y José Carlos Bouso. Fernando Sánchez Dragó dirige y presenta.

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Manifesting the Mind -“Manifestando la mente”

Posted by astrondivinorum en 2 marzo 2010

Manifestando la mente, un documental sobre el chamanismo y Psicodélicos con entrevistas con expertos de renombre tales como Daniel Pinchbeck, John Major Jenkins, Dennis McKenna, Nick Herbert, Alex Grey y el Dr. Rick Strassman para nombrar unos pocos. Esta es la primera versión de Bouncing Bear Films, que se compone de Andrew y Jennifer Rutajit y todas las otras personas de Bouncing Bear Botanicals. “Manifestando la mente” nos da una amplia perspectiva sobre los psicodélicos, ¿cómo podemos beneficiarnos de ellos y por qué es el uso de drogas psicodélicas son suprimidas por los medios de comunicación y los gobiernos del mundo.?

“Manifestando la mente”, subtitulado

1- http://www.youtube.com/watch?v=QJjnvJ0T3DA

2- http://www.youtube.com/watch?v=FI4QRHb2Za4

3- http://www.youtube.com/watch?v=7y9PKtoUzGg

4- http://www.youtube.com/watch?v=CY2exSQpI6Y

5- http://www.youtube.com/watch?v=u4kvlBMqoo0

6- http://www.youtube.com/watch?v=2CXCYQTeTOE

7- http://www.youtube.com/watch?v=Po6H5pYY6vM

8- http://www.youtube.com/watch?v=X3-onrUOsb4

9- http://www.youtube.com/watch?v=_rR1PGlftqY

10-http://www.youtube.com/watch?v=WIk-Kjl5OOs

11-http://www.youtube.com/watch?v=mWroVDsVxF0

12-http://www.youtube.com/watch?v=crQvZcekuVA

13-http://www.youtube.com/watch?v=v2Kdnfy0XQs

14-http://www.youtube.com/watch?v=K7Q1JM-zgf4

Canal youtube ockkly

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El Camino a Eleusis, Una Solución al Enigma de los Misterios

Posted by astrondivinorum en 12 febrero 2010

Los iniciados debían sufrir, sentir, experimentar ciertas emociones y estados de ánimo; no estaban ahí para aprender nada.
Aristóteles sobre los misterios eleusinos

Una tarde de Agosto de 1927, en las montañas de Catskills, Gordon Wasson y Valentina Pavlovna caminaban de la mano en medio de un bosque, disfrutando de su luna de miel, cuando notaron que a un costado del sendero había innumerables hongos de distintas formas, colores y tamaños. Valentina, de origen ruso, con cariño, con sacra ternura, los reconoció y los recolectó. Wasson intentó disuadirla, ¡Regresa, regresa acá! Son venenosos, hacen daño. Valentina reía. Sus festivas carcajadas sonarán por siempre en mis oídos. Al día siguiente, Wasson probó por primera vez los hongos. Sobrecogido por la reveladora experiencia y asombrado por la actitud opuesta que había manifestado el día anterior frente a su mujer, ambos comenzaron a investigar el trato que se le daba a los hongos en Inglaterra y en Rusia.
Los escritores ingleses rara vez los mencionaban y cuando lo hacían era relacionándolos con aspectos desagradables, ofensivos, con la putrefacción, la descomposición y la muerte. Los escritores rusos llenaban sus textos con hongos, siempre en un contexto afectuoso. Wasson dividió el mundo entre culturas micófilas (amantes de los hongos) y micófobas. Tras décadas de investigaciones sobre lo que llamó la etnomicología, descubrió que hace miles de años los hongos fueron objeto de devoción religiosa. Sus investigaciones en las culturas populares de los pueblos micófilos y los viajes que experimentó junto a su mujer, lo llevaron a establecer una relación entre los hongos y el conocimiento espiritual.
En 1955 en un viaje a México, con el fin de corroborar las anotaciones de los frailes españoles del siglo XVI sobre la ingesta de los hongos por los nativos, Wasson participó de una ceremonia conducida por una chamana, María Sabina. Fue el primer blanco del que se tenga registro que haya participado en una de estas ceremonias. Su intuición fue confirmada. Los hongos eran considerados entes divinos. Y el ritual buscaba abrir las compuertas hacia una relación con el todo como un ser viviente. Si en el primer viaje Wasson había relacionado su ingesta de hongos con una experiencia espiritual propia, en el viaje a México Wasson conoció la relación de los hongos con la cultura espiritual de un pueblo. De inmediato hizo el alcance: La utilización religiosa de los hongos en México eran la respuesta a los misterios Eleusinos celebrados en Grecia durante casi dos mil años. Su ingestión permite a uno contemplar con mayor claridad que la de nuestros ojos mortales, vistas que están allende los horizontes de esta vida; viajar por el tiempo, hacia adelante y hacia atrás, penetrar en otros planos de la existencia; incluso, como dicen los indios mexicanos, conocer a Dios.

El libro está dividido en tres partes. En la primera, Wasson cuenta la historia que lo llevó a relacionar el misterio de Eleusis con la ingesta de una sustancia enteógena. La segunda parte está escrita por el químico suizo Albert Hofmann, y en ella demuestra que los griegos pudieron haber obtenido a partir de un hongo que crecía en el trigo y la cebada, una sustancia de características similares al LSD: el cornezuelo, que los micólogos conocen como Claviceps purpurea.
En la tercera parte, el profesor de etnobotánica griega, Carl Ruck, intenta reconfigurar, a partir de una agobiante cantidad de citas, lo que se hacía al interior del templo en Eleusis. Como si revelara un secreto que había resistido todas las fuerzas de la historia, exhibe paso a paso el misterio que celosamente guardaron Platón, Aristóteles, Sócrates, Píndaro, Sófocles, Aristófanes, y todos los que viajaron a Eleusis.
Cada año, se iniciaban en los misterios, miles de personas de todas las clases, emperadores y prostitutas, esclavos y hombres libres. Sólo dos condiciones se les exigían (que hablaran griego y que no hubiesen cometido un asesinato) para comenzar con los ritos preliminares que duraban más de medio año. Eran los misterios menores y se realizaban en Atenas. Luego emprendían la peregrinación hacia Eleusis, por primera y única vez, para ver lo sagrado. Era una caminata de 20 kilómetros que comenzaba atravesando un puente demasiado estrecho para llevar un carruaje y en el que a sus costados hombres con máscaras insultaban a los peregrinos. Eleusis era una región sagrada por su afinidad especial con el reino de los muertos. La procesión pasaba simbólicamente la frontera entre los dos mundos: un viaje trascendental cargado de dificultades. Tras recorrer la Vía Sacra llegaban al telesterion, o sala de iniciación de los misterios mayores, donde algo se veía. Eso era todo lo que se podía contar sobre los misterios, el resto era un secreto o, simplemente, inexpresable (en el libro jamás se exponen las razones que hayan llevado a los griegos a mantener el secreto de los misterios eleusino). El telesterión era muy pequeño para permitir una representación teatral, y los griegos difícilmente podrían haber sido engañados con algún truco escénico. Además había síntomas físicos que acompañaban las visiones: miedo y un temblor de las extremidades, vértigo, náusea y sudor frío. Después de eso sobrevenía la visión.
Las investigaciones realizadas por Ruck lo llevaron a concluir que los griegos conocían sustancias embriagantes distintas al alcohol. De hecho no tenían una palabra para alcohol, ni tampoco sabían destilarlo. Lo más fuerte que podían obtener por fermentación natural era un vino de 14 grados. Sin embargo, los griegos solían beber sus vinos mezclados con agua. Había incluso vinos tan fuertes que para poder ser bebidos sin riesgo vital, debían diluirlos con veinte partes de agua, por cada una de vino. Y aun así podían producir diversos síntomas físicos: insomnio, alucinaciones, mareos o hilaridad. La razón de esto es que en la Antigüedad el vino, en casi todos los pueblos primitivos, no contenía alcohol como sustancia embriagante, sino que por lo general, era una infusión de toxinas vegetales en un líquido vinoso.
Destinadas para ceremonias religiosas, como los misterios de Eleusis, y más tarde utilizadas profanamente, las sustancias enteógenas no eran ajenas a la cultura griega. Un nuevo paradigma, el cristianismo, terminó por extirpar esas prácticas paganas. La fe pasaba a ser el exclusivo vehículo de las experiencias místicas.
Luego de tan reveladora investigación, quedan rondando algunas preguntas: ¿Habrá sido una revelación eleusina la que llevó a Platón a concebir un mundo de las ideas donde todo era perfecto, un mundo de esencias que se revelaba en oposición a éste de imperfectas materializaciones? ¿Es nuestra cultura occidental, hija de la civilización helénica, consecuencia de una cultura familiarizada con los enteógenos?
Por último una recomendación de Wasson: Si tiene la más leve duda, no pruebe los hongos.

El Camino a Eleusis, Una Solución al Enigma de los Misterios, Wasson, Hofmann, Ruck. México, Fondo de Cultura Económica, 1995.

El desarrollo de la fiesta era el siguiente:

-. Día 13: Como preparación de los Misterios, se llevaba a cabo una procesión de Eleusis a Atenas. Se sacaban las imágenes en procesión, se reunían los que querían iniciarse y el hierofante excluía a los que no podían hacerlo por no estar libres de delito.

-. Día 14: Los efebos llevaban los objetos sagrados al Eleusinion de la ciudad de Atenas.

-. Día 15: agyrmós (reunión). Primer día de los rituales, en los días anteriores sólo se hacían los preliminares. Los mystai (los que iban a ser iniciados) se reunían en Atenas. Se hacía la proclamación (prorresis) y, al grito de «aquí las víctimas», se sacrificaba el cerdo que cada mysta llevaba para que el animal muriese por él (el cerdo está consagrado a Deméter). Después al iniciado se le hacía sentarse sobre una piel de carnero (thrónosis) y, en silencio, era velado y purificado por medio del aire (haciéndole aire) y del fuego (acercándole una antorcha) y se le pasaba por encima de la cabeza la cesta mística (líkne)

-. Día 16: Se gritaba «al mar, mystai» y los iniciados se bañaban con los cerdos muertos.

-. Día 17: Epidaurias. Introducidas el 420 aC., conmemoraban la llegada de Asclepio a los misterios. Se reservaban para quien había llegado tarde. Había una procesión con un sacrificio y una pannychís (una procesión nocturna) en honor a Asclepio.

-. El día 18 se descansaba.

-. Día 19: Procesión de Atenas a Eleusis llevando los objetos sagrados. El recorrido se hacía por el Camino Sagrado (saliendo por la puerta sagrada) hasta Eleusis, donde se llegaba a la caída de la noche.

-. Día 20: Escolta de Iaco. Los iniciados partían, guiados por el dios Iaco (un epíteto de Dioniso) que era llevado por un sacerdote. Se rememoraba, así, las penalidades de Deméter buscando a Core. Cerca ya de Eleusis, cruzaban el puente sobre el río Cefiso (gefyrismos: «paso del puente») donde los peregrinos eran objeto de burlas e insultos por parte de la gente que se reunía junto al puente con este propósito. Después de este ritual, encaminado a alejar los malos espíritus, se llegaba al santuario donde Iaco era acogido con gran aclamación y los iniciados bailaban en la plaza Caliroco («de las bellas danzas») en honor de Deméter y Core.

(Desconocemos cuándo los iniciados ayunaban y bebían el kykeón, bebida hecha con agua, harina y poleo, símbolo de la vida civilizada introducida por Deméter a través del cultivo y el consumo del cereal.)

-. Día 21: Tenían lugar los ritos secretos (parte de los Misterios que pertenece al campo de la hipótesis y de la conjetura) De noche, los iniciados entraban en el santuario, donde tenían una serie de experiencias místicas: «veían» a la diosa sentada en la «Roca sin Alegría» (agelastos), escuchaban sus lamentaciones… Al llegar al telesterion, sala del santuario donde debía producirse la epifanía de las dos diosas, depositaban los cerdos en los mégara (subterráneos). Después salían en peregrinación buscando a Core. Con la cabeza cubierta para que no viera nada, cada mysta era guiado por un mystagogos mientras el hierofante golpeaba un gong llamando a Core. Su regreso no podía ser visto por los iniciados: «aparecía» delante de su madre, se abrazaban y se dirigían al telesterion. Allí, los epoptai (iniciados de segundo grado: «los que ya han visto») entreveían a madre e hija, entraban y aparecía el hierofante respaldado por la luz de centenares de antorchas. Los iniciados, con la cabeza ya descubierta, entraban. Las diosas serían visibles a los iniciados, aunque por poco tiempo. Abandonaban la sala los mystai y, entonces, los epoptai recibían una visión especial: la espiga, símbolo del don de Deméter, de la cultura y de la civilización.

-. Día 22: Había un sacrificio de bueyes y cerdos a Deméter y Core.

-. Día 23: Los iniciados volvían a Atenas.

-. Día 24: El día después de los Misterios, se celebraba en Atenas la reunión de la Boulé en el Eleusinion.

Fuentes: Enteogenesis , Los Misterios Eleusinos

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Cuentos de la Selva ll –

Posted by astrondivinorum en 1 febrero 2010

Castaneda desaparece
Editado en catalán en: “Revista d’Etnologia de Catalunya” -núm. 15, noviembre de 1999, págs. 120-127-por el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya, Barcelona

Es difícil escribir algo nuevo sobre el universal Carlos César Castaneda Arana, sin que resulte una simple invención, una interpretación personal del articulista o sin que sea una crítica o una mitificación, de las que oscurecen cualquier realidad. Vamos a tratar, pues, de realizar un pequeño recorrido por su biografía reciente hasta donde los hechos verificados lo permitan. A partir de ahí, cada cual haga sus libres interpretaciones de lo que se le presente. Algunos de los datos que siguen han sido tomados de las investigaciones que Edith Stanley, Patrick Kerkstra y Scott Glover, investigadores del periódico norteamericano Los Angeles Times, han realizado sobre la reciente muerte de Castaneda.


Su vida

El universal autor conocido bajo el nombre de Carlos Castaneda, autodenominado brujo seguidor de las tradiciones chamánicas de los indios yaqui, norteamericanos, murió el 27 de abril de 1999 en Westwood, EE.UU., según comunicó su abogada Deborah Drooz, la cual se presenta como amiga del escritor y ejecutora de su testamento.
A pesar de la espesa neblina y misterio -voluntariamente esparcidos- que envuelven la vida de Carlos Castaneda, se sabe que emigró a los EE.UU. en el año 1951, y se dice que había nacido el día de Navidad del año 1925 en Sao Paulo (Brasil) o en Cajamarca (Perú), dependiendo de los relatos autobiográfícos que se quieran creer. Es muy probable que se tratara del hijo de alguna familia sudamericana que emigró a los EE.UU. a estudiar. En este sentido algunas voces, a mi juicio bastante autorizadas, afirman que su núcleo familiar tenía origen catalán y que su apellido real era Castañeda, apelativo bastante difundido en algunas comarcas catalanas que viene a significar “bosque de castaños”, pero que al emigrar de Sudamérica a los EE.UU., y ante la ausencia del sonido y la grafía “ñ” en inglés, perdió su Castañeda familiar en favor de su nuevo Castaneda.
Por su parte, nuestro autor era un mentiroso y un tramposo sin límites y nunca arrepentido de ello, de ahí que la comunidad científica jamás le haya prestado una seria atención, a pesar de que en muchos momentos afirmó y reiteró que lo que relataba era cierto y que no había fantasía en ello. No obstante, y a pesar de que se diera crédito a sus narraciones, lo cierto es que los detalles de su biografía -tan rebuscados por investigadores detractores como por mitómanos seguidores- son una suma de puras hipótesis oscurecidas con toda meticulosidad. Nada está claro, empezando por la fecha de su fecha de nacimiento o por el lugar donde aconteció. Incluso hay serias dudas sobre la veracidad oficial de su nombre. Uno podría pensar que se trata justamente de la estrategia del brujo, que tantas veces él mismo había repetido en sus libros, para escapar al enquilosamiento de un pasado que va formando una costra encima de uno y cada vez le impide más vivir como un guerrero. También se podría pensar que una persona como Castaneda se muestra elusivo ante la prensa y ayuda a forjar su propio mito haciendo desaparecer sus huellas del pasado hasta en los más mínimos detalles, pero que en algún nivel de su intimidad aparece un Carlos desenmascarado, pero resulta que no, que incluso alguien tan próximo a nuestro autor como el psicólogo Richard Yensen me comentó, cuando estuvimos juntos hace unas semanas, que Castaneda era un mentiroso permanente, que uno nunca podía fiarse de lo que decía. “Gran parte de la mística castanediana se basa en el hecho de que, ni tan sólo sus más íntimos amigos están seguros de quien es”, escribió su ex-esposa Margaret Runyan Castaneda, en un memorial que se publicó en el año 1997 a pesar de que el propio Castaneda trató de impedir que se editara. Así pues, nadie puede esperar que la academia de científicos, preocupados por la verdad objetiva, mostrara la menor disposición a creer o a verificar algo salido de la pluma de un supremo mentiroso de los únicos aspectos comprobables de su propia vida.
Con independencia de quien fuera ese hombre, de su nombre de pila y lugar y fecha de nacimiento, lo cierto es que nuestro autor consiguió galvanizar y catalizar la atención mundial hace unos treinta años. Ya es ampliamente sabido que como trabajo final para obtener el título de doctor en antropología en la Universidad de Los Ángeles, Castaneda hizo lo que tantos estudiantes de antropología al acabar la carrera: escogió un tema, un lugar y una etnia sobre la que realizar la investigación necesaria para la Academia, pero lo que salió fue el rememorado viaje al desierto de Arizona, en México. Su intención inicial -si hemos de creernos su relato- se centraba en buscar y estudiar los efectos de determinadas plantas medicinales de uso tradicional entre los pueblos que habitan este árido y ancho rincón de mundo. Pero el destino nunca perdona: se paró en una ciudad fronteriza con el desierto de Arizona y allí, en la misma parada de autobuses de la compañía Greyhound, la más popular de los EE.UU., comenzó el cambio que le llevaría a transformarse como persona, a él y a una buena parte de la juventud occidental. Una vez situado y sin saber lo que le deparaban los hados, en esta terminal de autobuses se encontró con un anciano indio de la etnia yaqui, supuestamente llamado Juan Matus, Don Juan, que decía provenir de Sonora, México. Si hemos de seguir creyendo la historia narrada por Castaneda, este anciano resultó ser un chamán que consumía plantas enteógenas, y las que usó para iniciar a su alumno y adentrarlo en un mundo oculto que sobrevivía desde hacía más de 2 000 años.
Bajo la dura, firme y sabia tutela del entrañable Don Juan, que duró a lo largo de bastantes años, nuestro autor experimentó los efectos del peyote, de diversas semillas enteógenas y de hongos probablemente psilocíbicos, conociendo vivencias y momentos de éxtasis supremo pero también de dolorosos y oscuros infiernos de pánico. Todo ello en un intento por conocer y vivir lo que denominó estados no ordinarios de realidad. Vagando por el desierto junto a su guía y maestro psicológico y etnobotánico (justo en las catalogaciones botánicas, lo único que se puede observar desde fuera, es donde Castaneda falla más), el antropólogo declaró haber visto insectos gigantescos, haber aprendido a volar con su nuevo pico, haberse transformado en cuervo y que finalmente, había triunfado en el propósito de alcanzar un nivel superior y más refinado de consciencia, en ser un hombre de conocimiento como lo era Don Juan.
Su tesis, publicada el año 1968 por la Universidad de California, se convirtió pronto en un éxito literario internacional. En ella tocaba la fibra adecuada y en el momento justo de la cresta de la ola de la joven cultura norteamericana de los años 1960, consumidora de substancias psicodélicas y románticamente enamorada de sus puros y sabios indígenas. El estilo de la obra inicial de Castaneda, estilo que ya nunca dejaría, era una curiosa y sugerente mezcla de alegorías universales, antropología, parapsicología, alquimia y filosofía budista, y -probablemente- una buena dosis de ficción. En mi opinión también hay una buena dosis de las enseñanzas que a principios de siglo difundiera G. Gurdjieff y su propio discípulo aventajado Ouspenski. Así fue como su primer libro, Las enseñanzas de Don Juan. Una vía yaki hacia el conocimiento, convirtió al anciano personaje de Don Juan en un nombre más que reverenciado entre los jóvenes y a Castaneda en un auténtico símbolo cultural.
En uno de los pocos artículos escritos sobre él y en el que Castaneda cooperó, publicado por la revista Time en 1973, se decía que: “para las decenas de miles de lectores (de Castaneda), jóvenes y ancianos, el primer encuentro de Castaneda con Juan Matus (…) es un hecho literario mejor conocido que el encuentro entre Dante y Beatriz a las orillas del Arno”… Efectivamente, así es. Después de tal impresionante debut literario, nuestro autor continuó produciendo éxitos de ventas tales como Una realidad aparte, Viaje a Itxlan y Relatos de poder. A raíz de ello, y dado el carácter entre pueril e impetuoso que caracteriza a nuestros vecinos del otro lado del Atlántico, una multitud jóvenes y de no tan jóvenes se precipitó hacia México esperando convertirse en nuevos alumnos echados a los sabios pies de Don Juan, los periodistas se pusieron a investigar la vida de este brujo y de su ya afamado discípulo… pero el anciano indio yaki no aparecía por ningún lado -al revés de lo que había sucedido con la chamana María Sabina.. Ello dio origen a especulaciones sobre la realidad de lo narrado en los libros de Castaneda, no faltando quien lo acusara de ser el autor de un ingenioso y bien elaborado camelo que no respondía a la realidad étnica y tradicional que se anunciaba. La crítica escéptica tuvo un buen representante en Joyce Carol Oates, reputado autor, quien dio la vuelta a los argumentos de veracidad, preguntándose en 1972 “¿Hay alguna posibilidad de que estos libros no sean de ficción? Todo el mundo los acepta como estudios antropológicos pero a mi me parecen unas remarcables obras artísticas, al estilo de Hesse cuando escribía sobre la iniciación del joven en otro tipo de realidad. Están bellamente construidos, el diálogo es impecable, el personaje de Don Juan es inolvidable y todo disfruta de un gran ritmo novelístico”. No puede ser realidad. Por su parte, el prestigioso antropólogo C. Geertz, dijo también que: “por ahora sus libros carecen de presencia alguna en el campo de la antropología”, en el sentido de que, a pesar de la gran popularidad obtenida, ningún profesor universitario y serio de antropología recomendaría esos textos a sus estudiantes. No obstante, ni la tendencia de Castaneda por mentir ni la más que cuestionable existencia real de Don Juan han hecho disminuir en ningún momento el entusiasmo de sus admiradores. En este sentido, Joshua Gilder, redactor de la Saturday Review, afirmó que no es necesario creer y tener fe para sentirse arrastrado por la narrativa de Castaneda, se trata de la reelaboración de mitos universales: obran un efecto extraño y maravilloso que está más allá del reino de las creencias. Es algo que solo un genio puede producir.
A pesar de tanta crítica -o justo debido a ella- en los últimos días de su vida, Castaneda insistió firmemente en que los hechos por él narrados en sus libros no tan solo eran reales sino que estaban meticulosamente documentados. También lo repitió ante las 400 personas que asistieron a un seminario impartido por él mismo en Anaheim, en el año 1995: ahí afirmó y reiteró que él no había inventado nada, que no estaba loco.
A mi juicio, y después de los años que he dedicado a la investigación de los enteógenos, a sus efectos y a la importancia que tienen en toda cultura humana, creo no equivocarme al afirmar que en estos campos del quehacer humano es muy, muy arriesgado decir que algo es real o que no lo es. Los efectos que producen las substancias psicoactivas tienen muchos matices de gris. En este sentido, hace años tuve la sensación -y con el tiempo se ha ido afirmando en mi interior- , de que la gran trampa de Castaneda, su gran mentira, no es lo que narra sino cómo lo relata: cuando se autoexperimenta con plantas enteógenas, uno ve mundos no ordinarios, pero también es cierto que no conozco a nadie en su sano juicio que afirme que tales mundos están realmente fuera del propio sujeto. Son mundos interiores a pesar de que, muy a menudo, tengan algún tipo de reverberación o empatía con el entorno. Es así como, para referirse a estas dimensiones de nuestro universo psíquico, es necesario e imprescindible usar metáforas lingüísticas. No en vano todas, absolutamente todas, las religiones anuncian sus verdades y descubrimientos en forma metafórica: el Tao de los budistas es innominable, lo mismo que el Uno de los cristianos, y para referirse a estas existencias trascendentes no queda más remedio que usar imágenes metafóricas. Creo que Castaneda hacía trampa cuando ponía las metáforas en boca del inefable Don Juan pero no anunciaba que la forma de explicar sus experiencias era también una metáfora. A menudo, en mis experiencias con ayahuasca, san pedro u otros enteógenos uso esas mismas formas expresivas (he volado por…, he visto…, he sentido la inmensidad…, he muerto…, mi cuerpo se transforma…) y si no anunciara que se trata del efecto de un enteógenos sobre mi propia mente, es probable que unos me tomaran por un demente y otros por un profeta, como a Castaneda.

Su muerte

A pesar de todo lo anterior, nuestro autor merece que se le aplique con todos los honores la máxima castellana de genio y figura… ya que su misteriosa vida de brujo se refleja también en su muerte.
La causa declarada de su silenciosa y anónima muerte fue un cáncer de hígado. Como mínimo externamente, murió en consecuencia a su vida de las últimas décadas y al contenido de sus enseñanzas: apartado del mundanal ruido, sin publicidad ni cámaras, en el más escrupuloso, libre y perfecto anonimato. De él no se tienen fotografías de menos de cuarenta años de antigüedad ni grabaciones de ningún tipo, ya que cuidaba muy mucho de que, en sus escasísimas apariciones en público, nadie registrara su voz ni fotografiara su imagen: de aquí la sorprendente foto que apareció en los periódicos de finales de junio para anunciar su muerte, retrato tomado el año 1951 en el que se ve un hombre de cara redonda, peinado de postguerra y todo ello de una calidad técnica ínfima. Un brujo, afirmaba Castaneda, nunca mira su pasado y estos sistemas para congelar la imagen de una persona frenan la evolución interior del guerrero.
Tampoco -según parece- se realizó funeral alguno. Su cuerpo fue incinerado en los EE.UU. y luego se esparcieron sus cenizas en México, de acuerdo a lo que figura en los registros de la morgue de la ciudad norteamericana de Culver. No obstante, tampoco estos datos tienen nada de fiable ya que ni tan solo su certificado oficial de defunción está libre de ambigüedades y falta de información. En él, y según el periódico Los Angeles Times, se dice que su ocupación laboral era la de profesor en la escuela del distrito de Berverly Hills (Beverly Hills School District), pero ninguna escuela de este distrito tiene registrado ni archivo alguno de que Castaneda enseñara ahí. También se ha dicho que nuestro autor carecía de familia, pero en el certificado de defunción aparece el nombre de una sobrina, Talia Bey, que resulta que es la presidente de la compañía Cleargreen Inc., la empresa que organizaba los seminarios de Castaneda sobre “tensegridad”, una moderna y algo deshilachada versión de las supuestas prácticas chamánicas para obtener energía, de las que una parte proviene claramente del yoga, otra de las artes marciales y aun otra parte de ejercicios ergonómicos. A pesar de ello, no ha sido posible localizar a T. Bey para que añadiera más información sobre el tema.
En este mismo sentido, es sorprendente que en el documento oficial de defunción, según Los Angeles Times, Castaneda aparece consignado como Nev. Married, “Nunca estuvo Casado” cuando, en cambio, se sabe de su matrimonio con Margaret Runyan Castaneda, procedente de Charleston (W.Va.), que duró entre los años 1960 y 1973, y del que nació un hijo no reconocido por Castaneda, ni bajo juramento ante un tribunal. Este supuesto hijo tiene ahora 36 años y vive en Atlanta. No para de reclamar ser el descendiente del afamado autor y para ello afirma tener un certificado de nacimiento en que el figura Carlos Castaneda como padre. No obstante, nada de ello está realmente aclarado a pesar de las investigaciones realizadas por E. Stanley, P. Kerkstra y S. Glover. La nube se cierra a su alrededor.
Cuando, hace unas semanas se pidió información sobre la muerte de Castaneda a su presunta ex esposa, M. Runyan de 76 años, ésta respondió que nadie le había informado, que no sabía nada, pero que él ya estaba preocupado por su muerte desde años atrás, afirmaba que iba a ser la mejor experiencia de su vida. En 1995, mientras impartía el seminario en Anaheim, nuestro autor declaró en público que: “…todos nos estamos enfrentando al infinito, tanto si nos gusta como si no ¿Por qué no lo hacemos mientras estamos débiles, cuando estamos con la salud quebrada o cuando estamos moribundos? ¿Por qué no cuando nos sentimos fuertes? ¿Por qué no ahora mismo?” En cambio, contrastando con estas explícitas declaraciones de hace tres años está su postura de cuando lo entrevistaron para la revista Time en el año 1973; entonces se mostró mucho más sucinto al tratar el tema del final de la vida desviando la atención del periodista hacia un graffiti que había en un muro de Los Angeles en el que se decía: “La muerte es el subidón más fuerte de todos. Por eso nos lo reservan para el final”.
Nuestro ínclito autor ha dejado un testamento que debe ser leído y validado a lo largo del mes de julio en Los Ángeles, y un dudoso certificado de defunción: perfecto final para una vida impecablemente brumosa. Las pocas personas que podrían salir legalmente beneficiadas de sus abundantes y jugosos derechos de autor fueron avisadas de la muerte de Castaneda por su abogada Deborah Drooze, pero nadie lo dijo a la prensa ni a ningún otro medio de comunicación hasta el día 18 de junio (había muerto el 27 de abril). Por su parte, la médico que atendió Castaneda en sus últimos respiros, Angelica Dueñas, no se sabe que haya hablado absolutamente con nadie en referencia a este tan secreto paciente. Incluso aquellas personas que, según parece, tenían a nuestro autor como a uno de sus buenos amigos no supieron nada acerca de su óbito y, cuando más tarde les fue comunicado tampoco gastaron ni un instante para dar a conocer la muerte de su amigo a nadie. Este fue su tributo a Castaneda y a su menosprecio por la publicidad, respetándolo y prescindiendo de la dimensión de realidad en pueda hallarse el autor.
Michael Korda, autor y editor que publicó algún libro de Castaneda en la editorial Simon&Schuster declaró que él mismo había adoptado como práctica habitual en su vida no discutir nunca ni con nadie relacionado con la industria de los medios de comunicación sobre Castaneda, y menos aun sobre su defunción. Tampoco Tracy Kramer, agente literaria de Castaneda en Los Angeles, ha devuelto ni una sola de las llamadas recibidas que preguntaban o comentaban algo sobre el mismo tema. En lugar de ello, se ha limitado a citar los mismos textos de Castaneda: “de acuerdo a la tradición de los chamanes de su linaje, Carlos Castaneda dejó este mundo en plena consciencia”.
Como muy corto resumen de su vida pues, sólo me atrevo a añadir que Castaneda fue el autor de diez libros traducidos a diecisiete idiomas, libros que han causado un auténtica revolución en el pensamiento occidental de la segunda mitad del siglo XX. Algún observador norteamericano ha afirmado que fue el primer y principal ideólogo de la denominada Nueva Era, pero en mi opinión, quien ha leído con atención sus libros probablemente aceptará que en ellos hay la posibilidad de embuste, de fantasías trenzadas extraordinariamente bien y otras virtudes y cualidades, o bien lo contrario, pero -por lo menos desde la vieja y ya curtida Europa- se hace difícil ver en el brioso y masculino Castaneda un abanderado de la algo fofa Nueva bobEra. No creo que él lo aceptara.
En todo caso, el tema no está en si es cierto o no, en un sentido físico, el contenido de sus relatos, sino en lo tremendamente sugerente de sus libros, en lo que obran sobre los lectores y en el espacio mítico que ocupan en la realidad actual ¿Alguien se preguntaría si existió un Edipo de carne y hueso para corroborar la veracidad del mito o metáfora usado para explicar nuestras dependencias psicológicas maternas? ¿Verdad que no…?

Josep Mª Fericgla
Dr. en Antropología

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Cuentos de la Selva – Carlos Castaneda

Posted by astrondivinorum en 25 enero 2010

Documental de la BBC sobre la figura del antropólogo más famoso y controvertido de todos los tiempos: Carlos Castaneda.

Hace un tiempo, la BBC emitía un documental sobre la polémica figura de Carlos Castaneda. Seguido por miles, odiado por otros tantos, su figura es indispensable para comprender los movimientos sociales que tuvieron en él a una de sus figuras más consolidadas. Las aventuras relatadas con Don Juan y sus experiencias con las drogas psicotrópicas, son parte integrante de una sociedad que vio en las drogas o en el acrecentamiento de la conciencia, una vía para ampliar la barrera perceptible de lo establecido.

Dejando aparte las consideraciones sobre su figura, el contenido de las ideas y postulados que le han llevado hasta este momento, ha dado alas a miles de jóvenes para cuestionar la realidad como la conocemos, la figura social que todos mantenemos y la posibilidad de ampliar los parámetros sobre lo que se puede o no saber sobre lo que muchos sólo podemos soñar algunas veces.

El programa de la BBC recoge entrevistas y comentarios de muchos de aquellos que alguna vez estuvieron cerca de él, de detractores y de las opiniones más fácilmente disponibles para cualquiera que se moleste en recopilar datos por Internet, sin entrar en demasiada controversia sobre el asunto en cuestión.

Vi el reportaje y efectivamente me pareció que abarca someramente la filosofía de Castaneda y se enfoca más en descalificaciones personales para tratar de menoscabar su imagen. Los argumentos del antropólogo que decía haber notado una contradicción en los libros de Castaneda son realmente irrisorios. ¿Acaso no sabe que Don Juan por esencia misma tenía una personalidad oscura y lúdica al mismo tiempo?

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BLUEBERRY. LA EXPERIENCIA SECRETA

Posted by astrondivinorum en 24 enero 2010

Ayahuasca DMT trip

“Se trata de un western sobrenatural”, apunta Jan Kouen, director de Blueberry. “Un western porque esta película, que se ha inspirado en dos historias de cómic La mina del alemán perdido y El fantasma de las balas de oro, de la saga creada por Jean Giraud y Jean-Michel Charlier, posee todas las características del género. La acción transcurre en escenarios naturales típicos del western; espacios desérticos infinitos y el esplendor sobrecogedor de los cañones americanos.” Jan Kouen rodó la mayoría de los exteriores en México, incluyendo la épica escena del ataque de los indios, a menudo en condiciones tan duras que la improvisación tuvo que convertirse en método…

“También es una historia sobrenatural porque trata sobre esa dimensión mítica y espectacular llamada chamanismo, una práctica religiosa con más de un milenio de antigüedad, muy extendida entre un gran número de grupos étnicos en todo el mundo, particularmente entre los indios americanos. Un chamán es al mismo tiempo sacerdote y curandero. Merced a ciertas técnicas, como el uso de plantas medicinales, por ejemplo, puede acceder a estadios especiales de conciencia y penetrar en el mundo espiritual, poblado por aquellos que ya han muertos y los espíritus de la naturaleza.”

En esta película, Jan Kounen ha intentado plasmar del modo más fiel posible, las visiones inducidas por ese estado tan particular de conciencia. “Dicho esto,” añade Jan Kouen, “ellos, los indios, dirían probablemente que esta película es– ¡ficción realista!”

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Enfoques Chamanicos para El OVNI

Posted by astrondivinorum en 20 enero 2010

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Sinestesia y LSD

Posted by astrondivinorum en 16 enero 2010

Supongamos por un momento que tu cerebro se embrolla de tal manera que comienza a percibir los sonidos como si fuesen colores o a sentir los olores como sonidos. Por extraño que te parezca esto, es una condición relativamente común, que la padece una de cada 2500 personas y se llama sinestesia.

La sinestesia (del griego “syn”, junto, y “aisthesis”, sensación), es un trastorno de la percepción en el que el estímulo recibido a través de uno de los sentidos provoca simultáneamente la sensación en otro. Una persona que padece este desorden puede, por ejemplo, “oír” los colores,”ver” los sonidos o sentir sabores al pasar sus dedos por una textura determinada. Se de manera natural en aproximadamente una de cada 2500 personas, o como resultado de la ingesta de algunas drogas psicodélicas, como la LSD o la mezcalina.

Existen dos tipos de sinestesias. La sinestesia de primer grado es la que “mezcla” las impresiones dos sentidos diferentes; y la sinestesia de segundo grado, más rara, asocia la impresión de un sentido del cuerpo a una emoción, un objeto o una idea.

En general, afecta más a las mujeres y las personas zurdas, y con alguna frecuencia estas personas experimentan además una excelente memoria. No es raro que un sinestésico presente problemas a la hora de efectuar cálculos o para orientarse. Se cree que podría haber algún factor genético asociado a este desorden, ya suele darse en miembros de una misma familia. Al contrario de lo que puede pensarse, los sujetos sinestésicos no tienen una mayor predisposición a otros procesos psicopatológicos ni una mayor inclinación hacia las artes, aunque es cierto que muchos artistas (mayormente los pintores y compositores) presentan esta afección.

De todas las mezclas de sentidos posibles, la que se da con mayor frecuencia es la que asocia colores con números o palabras. Eso significa que una persona puede, por ejemplo, “ver” el color blanco cada vez que piensa en “lunes” o el rojo cuando ve o piensa en “9”. Por supuesto, este “cruce de sentidos” también puede hacer cosas de lo más extrañas con la percepción de la realidad. ¡Imagina lo que sentirías si una melodía determinada dejase sabor a chocolate (o a cualquier otra cosa) en tu boca cada vez que la escuchas!

Estas percepciones extrañas son completamente reales para quien presenta este trastorno. Son completamente involuntarias, se producen de forma continua y son consistentes: siempre vera el color blanco al pensar en “lunes”, por ejemplo. También son completamente específicas de cada persona. Dos pacientes con sinestesia seguramente asociarán diferentes percepciones a un determinado tipo de estímulo. Además, la memoria de la percepción sinestésica es muchas veces mejor que la de la percepción real. Si un sinestésico asocia, por ejemplo, el color verde con el nombre de una persona, muy posiblemente recordará el color del nombre mejor que el propio nombre.

Los científicos están de acuerdo en que la percepción sinestésica es una percepción real, que debería poder explicarse sobre bases neuroanatómicas. En cualquier persona, los estímulos sensoriales son recogidos por receptores especializados (localizados en los órganos de los sentidos), y enviados en forma de señales nerviosas al cerebro, donde se analizan separadamente en distintas regiones de la corteza cerebral, llamadas áreas sensoriales. Existen áreas visuales, auditivas, somáticas, etc. que se localizan en puntos de la corteza cerebral distantes unos de otros.

Estas conexiones entre los órganos sensoriales y la región correspondiente son específicas, y propios de cada sentido. La corteza visual se encarga del análisis de la información visual recogida por los receptores existentes en la retina), la corteza auditiva analiza la información que llega del oído, etc. Pero desde todas estas áreas sensoriales también se envían señales a otras áreas corticales denominadas “áreas asociativas”, en donde se relacionan características como forma, tamaño, color, etc. Esta asociación entre diferentes estímulos sensoriales permite, por ejemplo, que podamos encontrar un objeto con unas características determinadas de forma y tamaño mediante el tacto, sin la ayuda de la vista, dentro de un conjunto de objetos de formas y tamaños diferentes. Estas asociaciones ocurren en todas las personas, independientemente de que presenten o no sinestesia.

Pero en los sinestésicos ocurre algo más. Varios científicos suponen que la existencia de conexiones anatómicas no habituales (una especie de “cortocircuito”) en el cerebro de una persona con este trastorno conectan unos sistemas sensoriales con otros. Hasta hoy se desconoce el lugar exacto de estas conexiones, pero algunos estudios efectuados empleando técnicas de imágenes sintéticas en vivo (como la tomografía por emisión de positrones), hacen suponer que estas conexiones se encuentran entre diferentes áreas sensoriales de la corteza cerebral.

Un experimento llevado a cabo con un grupo de sinestésicos que asociaban colores con palabras, permitió ver las diferencias entre el proceso mental de estas personas y las de un cerebro normal. Cuando las personas sinestésicas oían una serie de palabras (que su cerebro asocia con colores determinados), presentaban actividad en áreas de la corteza visual además de en las áreas implicadas en el procesamiento del lenguaje. Es decir, se activaban zonas del cerebro encargadas del proceso de la información visual relacionadas con el análisis del color. El grupo de control, en cambio, no solo no presentó actividad alguna en las áreas de la corteza visual al escuchar las palabras ni siquiera al pedirles que imaginaran un color asociado a una palabra.

Esto demuestra que la sinestesia tiene una base fisiológica, y que muy posiblemente no existan dos cerebros sinestésicos iguales, ya que las asociaciones que se establecen son diferentes en cada caso.

Ahora ya lo sabes: si estas teniendo extrañas visiones o escuchas los colores, posiblemente seas uno de los poseedores de un cerebro sinestésico.

Algunos sinéstetas


La sinestesia es más común en artistas y músicos. Hay muchos ejemplos que incluyen a científicos, pintores, escritores y compositores. Dentro de los pintores podemos mencionar a Paul Klee, Wassily Kandisnky, Piet Mondrian, Francis Picabia, Georgia O’Keefe y David Hockney –todos ellos con un manejo excepcional del color. Se ha encontrado que los sinéstetas son más consistentes en la identificación de los colores –16.7 millones de opciones– con noventa por ciento de consistencia en un año, en relación con los no sinéstetas, con sólo de treinta a cuarenta por ciento en un mes.

Escritores como Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Victor Hugo, Marcel Proust, Francisco de Quevedo, Vladimir Nabokov y probablemente Patrick Süskind fueron o son sinéstetas o estuvieron interesados en este fenómeno.

En su novela publicada en 1985 Das Parfum / Die Geschichte eines Mörders (El perfume / Historia de un asesino) en la actualidad de moda nuevamente gracias a la película homónima dirigida por Tom Tykwer, Patrick Süskind describe la vida de Jean-Baptiste Grenouille, un hombre tan genial e infame como lo habrían sido el Marqués de Sade, Saint-Just, Fouché o Napoleón. Grenouille tenía dos características fundamentales: poseer un olfato fuera de serie –“la mejor nariz de París” como él mismo se apodaba–, pero también carecer de olor propio, lo que hacía que fuera rechazado por las demás personas (los bebés normalmente huelen a bebé e identifican a la madre desde los seis días de nacidos a través de su olor hasta que cumplen tres meses, cuando son capaces por primera vez de fijar la visión). El cuerpo de Jean-Baptiste Grenouille no olía a nada.

Süskind dice que su personaje era capaz de distinguir más de mil aromas, lo que es un error –desde nuestro punto de vista–, pues un catador de perfumes profesional o de vino o whisky es capaz de distinguir con entrenamiento hasta más de cien mil. Esta habilidad requiere necesariamente no sólo poseer una capacidad olfativa extraordinaria, sino una memoria nasal fuera de lo común.
En la década de los veinte, Alexandr Luria, neurólogo ruso, estudió durante treinta años el caso de un tal Sherashevsky, descrito en The Mind of a Mnemonist. Sherashevsky poseía una memoria absolutamente anormal: podía recordar setenta palabras en cualquier orden en listas dadas hasta quince años atrás. Se dedicó a ser un memorista profesional trabajando en un circo e incluso aumentaba su memoria con trucos mnemotécnicos.

¿A que se debía la hipermemoria o hipermnesia de Sherashevsky? Probablemente a una condición llamada sinestesia. Sherashevsky tenía una respuesta inusual a diferentes estímulos: retenía imágenes vívidas de forma visual (memoria fotográfica), pero tenía problemas para integrar y recordar cosas complejas: memorizaba visualmente una cara y no la reconocía después con un simple cambio en la expresión facial (padecía de aprosopagnosia), con los cambios de luz confundía los objetos, tenía problemas para dar seguimiento a una historia al ser “bombardeado” con imágenes. Además padecía de una incapacidad para olvidar, lo cual es una tragedia como lo describe Borges en su cuento “Funes el memorioso”.

Cuenta Bernard Lechevalier en su libro Le cerveau de Mozart que, el 11 de abril de 1770, Leopold Mozart y su hijo Wolfgang –entonces de 14 años de edad– llegaron a Roma viajando desde Salzburgo. Padre e hijo acudieron a escuchar el célebre Miserere de Gregorio Allegri, el cual se interpretaba sólo el Viernes Santo de cada año en la Capilla Sixtina del Vaticano. Leopold le escribe a su esposa que: “Los músicos de la capilla tienen prohibido, bajo pena de excomunión, sacar una pequeña parte, copiar o comunicar a cualquier persona” la partitura de la obra. Mozart la escuchó una sola vez y, ya de vuelta en el alojamiento, fue capaz de transcribir toda la partitura de memoria con las voces de todos los instrumentos y del coro. Cuando el papa Clemente XIV se enteró de la proeza, lo nombró caballero del Éperon d’Or (caballero de la Orden Vaticana de la Espuela Dorada), título que Mozart jamás utilizaría por modestia. El segundo marido de Constanza, la viuda de Mozart, escuchó en una ocasión el Miserere de Allegri en un Viernes Santo, y verificó que Mozart –por supuesto– no había cometido error alguno. El Miserere de Allegri fue modificado por Tomasso Bai (quizá esta versión fue la que escuchó Mozart) y consiste en una obra que abarca la tercera parte de un compact disc (más de veinte minutos) y que consta de nueve voces para coro, más las parte de la orquesta. Las últimas tres sinfonías (39, 40 y 41) Mozart las escribió sin escucharlas jamás, toda la música estaba en su cabeza. Los músicos educados, con una formación suficiente, son capaces de “escuchar” las obras sólo viendo la partitura –lo que en sí constituye una forma de sinestesia–: un ejemplo célebre es Beethoven, quien, por ser sordo desde joven, no pudo escuchar gran parte de la música que compuso –e incluso trató de dirigir ocasionalmente la orquesta.
Lechevalier menciona en su libro que una explicación posible para el episodio del Miserere de Allegri es que Mozart tuviera hipermemoria musical y probablemente sinestesia, es decir que asociara quizá ciertos sonidos con otros tantos colores de las pinturas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, y que, recordándolos, tuviera –eso sin duda– la capacidad de volver verdaderamente a “escuchar” cada nota en su cerebro, en su imaginación, cada vez que lo deseara.


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